El barroco punk de Roberta Marrero
El Museo del Romanticismo rinde homenaje a Roberta Marrero con una exposición que transforma sus salas en una capilla pagana
El Museo del Romanticismo acoge una exposición dedicada a Roberta Marrero (1972-2024), artista y escritora cuya obra destacó por su universo iconoclasta, místico y transgresor. La muestra convierte el espacio museístico en una especie de capilla pagana en la que se reivindican la identidad, la libertad creativa y la irreverencia que caracterizaron su trayectoria artística.
La exposición recibe al visitante con un autorretrato de Marrero caracterizada como la actriz Joan Crawford, acompañado de la frase «It is Marrero, bitch!» («¡Es la Marrero, zorra!»). Esta imagen refleja algunos de los elementos fundamentales de su obra: la construcción de una identidad propia, el uso del rostro como máscara frente a la mirada ajena y la reivindicación de figuras femeninas alejadas de los modelos convencionales.
Junto a este autorretrato, seis obras presentan una mirada crítica sobre el mercado del arte y sus protagonistas. Entre ellas destaca una reinterpretación de la Sagrada Familia, convertida en una alegoría del sistema artístico, en la que Jesús niño representa al artista empobrecido, mientras clientes, galeristas y coleccionistas ocupan un lugar privilegiado.
La muestra también establece un diálogo entre las creaciones de Marrero y diferentes piezas de la colección permanente del museo. Referencias religiosas, figuras de mártires y representaciones de animales heridos conectan con el imaginario de la artista. Entre estas relaciones destaca la presencia de Bambi herido como san Sebastián, una imagen que recupera la simbología del sufrimiento y la vulnerabilidad, recurrente en sus collages.
A través de sus composiciones, Marrero reunió estrellas de Hollywood, antihéroes, travestis y personajes marginados, construyendo un universo en el que conviven la fragilidad, la provocación y la reivindicación de las identidades múltiples. Esta visión queda reflejada en uno de sus poemas, en el que plantea: «¿Quién quiere ser una sola cosa cuando puede ser miles?». La exposición acompaña esta reflexión con unos versos de Charles Baudelaire: «¡Yo soy la herida y el cuchillo!», una frase que sintetiza la dualidad presente en su producción artística: ser víctima y, al mismo tiempo, protagonista de la propia transformación.
El recorrido también aborda la relación entre el romanticismo, la tragedia y la fascinación por la muerte. En diálogo con el óleo Alegoría del suicidio, de Eugenio Lucas, la obra BAADY presenta el mensaje «Be an Artist, Die Young», una consigna provocadora que refleja la dimensión más oscura y transgresora del universo creativo de Marrero.
Con esta exposición, el Museo del Romanticismo recupera el legado de una creadora que hizo de la cultura popular, la iconografía religiosa y la reivindicación de las identidades disidentes los pilares de un lenguaje artístico propio. Un homenaje a una figura que convirtió su obra en un espacio de libertad, resistencia y expresión personal.
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