¡El Flamenco y... El Flamenco!

¡El Flamenco y... El Flamenco!

 

Seguro que alguna vez te lo has preguntado mientras ves un cartel: ¿Qué tiene que ver un ave rosa que duerme sobre una pata con el arte de taconear sobre un tablao? Spoiler: Científicamente, nada. Pero poéticamente, todo.

Aunque hoy compartan nombre, el origen de esta confusión es un misterio con teorías muy divertidas:

¿Cuestión de fuego? Al ave le llamaron flamenco (de flama/llama) por sus alas de color rosa encendido. Al baile se lo adjudicaron después... probablemente porque ver a una bailaora dándolo todo en el escenario es lo más parecido a ver fuego en movimiento.

El postureo real: Aunque no se copiaron el estilo, el parecido asusta. El cuello estirado de la bailaora, la espalda erguida y el movimiento del mantón de Manila son idénticos al despliegue de alas y elegancia del ave caribeña. ¡Pura alta costura de la naturaleza!

¿Un invento belga? Otra teoría dice que la palabra viene de los soldados que volvían de Flandes (los flamencos). Al parecer, regresaban tan fiesteros y ruidosos que la gente empezó a usar su nombre para describir el ambiente de los gitanos andaluces.

Uno vive en la marisma comiendo crustáceos y la otra en el tablao derrochando duende. No son parientes, pero ambos son los reyes absolutos de la elegancia y el drama visual.

 

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